Con tortilla no compras a nadie

Hoy me ha venido un recuerdo.

Hace unos meses, quizás un año, cuando aún trabajaba en una agencia de comunicación (ahora soy freelance), ocurrió algo que, si bien no es especialmente notorio, me dejó una sensación que no pude olvidar. Y, de hecho, no es la primera vez que me vuelve a la cabeza…

LA MEJOR TORTILLA DE VALENCIA.

En la agencia, habíamos oído hablar de un barecito llamado “La Alhambra, que tenía fama por hacer “la mejor tortilla de Valencia”. Así que pusimos fecha para ir un día a disfrutar de esa delicia tan de la terreta. A mí, sinceramente, me daba igual, porque por entonces no comía huevo, ni tortilla, ni derivados (aún me cuesta comerlo).

Para no dejar la agencia sola, organizamos grupos. Yo, que pensaba ir con mi jefa de por entonces y la informática de la oficina, me esperé en la agencia. Cuando ya hacía bastante que el primer grupo había salido, empezamos a organizar el segundo grupo. Y aquí es cuando tuvo lugar el inesperado suceso.

En general, no era un secreto que la informática tenía una mala leche de aúpa. Aunque, gracias al cielo, el resto del tiempo era una rojilla, muy simpaticona  y alegre. Cuando llegaba la hora de partir, avisé a mi jefa y a la informática; sin embargo, me dieron una negativa porque “tenían mucho trabajo“. Comprensible.

Aún así, y por cortesía, insistí (¿a quién no le gusta que le insistan un poco y le digan eso de “sin ti no será lo mismo“?). Y, tras mi réplica, de la maja (la informática) me llevé una fulminante mirada, seguido de un “QUE NO VOY!!muy salido de tono

Mi primera reacción fue un: “vale, no pasa nada“. Y, por el camino, mientras los chicos hablaban de decencias e indecencias, empecé a pensar “menudo pedazo de z****, la próxima vez la consideración se la meto por el c***y un montón de insultos más que, por suerte, no manifesté en voz alta.

Y es que cuando me enfado digo muchos tacos… mentalmente.

EL PUNTO DE INFLEXIÓN.

Bueno, todo el mundo se equivoca“, pensé. Y sintiendo lástima porque no hubieran podido venir a probar la tortilla, les compré a ella y a mi jefa, un par de platos de tortilla, de diferentes tipos, para que hicieran cata y el día malo no fuera tan malo.

Los chicos comieron tortilla, yo un bocata de jamón, hablamos de surf, hablamos de fondos de inversión, hablamos de historias de universidad y de “aquel tipo que…” y volvimos a la agencia. Yo con mis dos platos de tortilla que me valieron un golpe en el dedo gordo por no estar atenta (y porque iba con tacones).

Llegamos a la agencia y les dejé los platos.

Gracias!” – ahora le había cambiado el humor.

Aunque lo que yo quería era una disculpa, una excusa, un “sé que antes te he dejado tiesa con mi respuesta y lo siento“… pero no. Nunca llegó. Pensé que, bueno, a veces hay personas que no se dan cuenta de que contestan mal y luego no reflexionan.

De todos modos, se me quedó una espinita clavada.

DOS DÍAS MÁS TARDE.

Dos días más tarde salíamos de la oficina y paradas en un semáforo (la informática, una de las diseñadoras y yo) escucho lo insólito: la informática se gira hacia la diseñadora y, poniendo ojitos de cordero, le dice:

Oye, (nombre), perdona que hoy te haya contestado mal, es que cuando tengo mucho trabajo, me pongo de mala leche y me pueden los nervios

¿¿¿¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉ??????? Espera, espera, que resulta que la tía esta se sabe disculpar, y así… sin tortilla, ni nada. No os cuento las palabras que resonaron en mi cabeza, ni las que me inventé porque las comunes no eran suficientes. Estaba tan rabiosa.

No es que fuera algo tan grave. A menudo pensaba: “coméntaselo y quítatelo ya de encima” pero, con el tiempo, el suceso iba perdiendo importancia. Aunque ahí se ha quedado, revolviéndome las entrañas cuando lo regurgita mi memoria.

LOS SOCIALISTAS NO SON TAN SOCIALES.

Si no recuerdo mal, nunca me he permitido dejar impune una salida de tono, si no es al momento, viene después. Pero no le levanto el tono a nadie, ni le respondo de mala manera sin que luego tenga una disculpa o, por lo menos, una excusa.

A mí me educaron así. A veces, me llama la atención que rojillos, como ella, socialistas que se supone que piensan más en el bien común, de todos, (al menos, más que otras ideologías centradas en el individuo), luego son personas con muy pocas facultades sociales: salir, beber y eso, sí, se les da de perlas; y hablar de libros y pelis y festivales y locales que sólo conocen cuatro gatos, y ser muy considerados con los desgraciados…

El caso es que, casualidad o no, a la mitad de los súper-mega-socialistas-concienciados con el bienestar social se la sopla ser social… sí, vale, a los desgraciados hay que tenerlos en cuenta, pero a la gente normal también. Que sí, que la vida les va bien, no tienen serios problemas, son felices …o por lo menos lo son hasta que se cruzan con esta clase de gilipollas (y no asterisco esta vez) que no han oído eso de:

 “tu libertad acaba donde empieza la del otro“,

…y, como no saben de eso, si tienen un mal día se la trufa fastidiarte el tuyo. Porque son así, creen en la libertad de expresión: la suya.

En fin, que con tortilla no compras a nadie porque la informática nunca se disculpó. Bueno, sí, se disculpó una vez. No recuerdo por qué, pero recuerdo la sensación de “¿y por esta te disculpas y por la de la tortilla no?”

Ella no recordará nada de esto. Y tampoco es un caso para recordar. Y aún así, ¡qué curioso!, qué cosas se quedan en la memoria y con qué poco puedes abrir una brecha para toda la eternidad. O, bueno, espero que el rencor no me dure tanto.

Anuncios

One thought on “Con tortilla no compras a nadie

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s