Te quiero hasta los defectos

“Después de un invierno malo, una mala primavera”

Así dice la tan conocida canción “Soldadito Marinero” de Fito y Fitipaldis. Y, escuchándola, me puse a pensar… debería escribir sobre esto. Porque, por suerte o por desgracia, he vivido los amores y desamores de muchas amigas. Y de cerca. 

Ahora, en particular, me acuerdo de un caso en concreto, uno bastante actual.

Ella tiene miedo, es normal. Tomar decisiones que conllevan consecuencias drásticas da miedo, las elecciones trascendentales, las que generarán un cambio, un cambio importante, siempre dan miedo. Sobre todo porque en la vida no hay nada escrito, la vida es como un casino, apuestas y sólo queda rezar porque salga a tu favor. A veces, juegas con cierta ventaja y, a veces, sólo queda esperar que lo que vendrá no sea peor que lo había.

Con bastante frecuencia he descubierto que, en el amor, ya sea por propia experiencia o por la de terceros, uno no debe acabar una relación a razón de la ilusión que, a menudo, acompaña a la novedad. Las relaciones deben morir cuando no dan más de sí.

Y digo esto, porque las personas que conocemos son como… un anuncio de televisión. Nosotros mismos nos vendemos como un anuncio de televisión, perfectos, inmaculados, sin complicados manuales de instrucciones, sin defectos de fábrica…

No nos damos cuenta de que no es más que un oasis, una visión idílica, un contexto ideal, pensado para descubrir lo preciso, sólo lo preciso.

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He visto muchas relaciones que han muerto por razones equivocadas. He visto chicas, y chicos también, que dicen adiós, a esa persona que quisieron amar hasta sus defectos, para decir hola al nuevo “amor de su vida”, ese perfecto desconocido… ¿sin taras?

Nadie es perfecto. Tarde o temprano lo descubrimos. Y no necesariamente insinúo que ese “perfecto nuevo amor” resulte ser defectuoso; porque, en ocasiones, resulta que esa persona descubre que no somos lo que vendíamos. A veces, no llegan a decepcionarnos, porque nosotros podemos llegar a ser la decepción. Y eso es algo que he detectado que muchos no tienen en cuenta: a lo mejor no falla nada, a lo mejor fallas tú.

Lamentablemente, dejando a un lado los “no sos vos, soy yo”, los “no soy yo, sos vos” o los “no sos vos, es él/ella”, dejando a un lado el por qué, sea como sea, la experiencia de lo ajeno me ha enseñado que, en la gran mayoría, se repite el mismo patrón:

“Después de un invierno malo, una mala primavera”

…las relaciones no son reemplazables. No quitas a uno, y pones a otro. El tema no es asegurarse de tener a alguien que te quiera: es querer. Y para querer bien hay que leerse de arriba a abajo el manual de instrucciones, hay que descubrir cómo se rompe y cómo se arregla, hay que asumir que el anuncio es una mentira, aunque sea una verdad a medias.

¿Mi mejor consejo? Para querer bien, tienes que estar dispuesto a querer hasta los defectos.

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