Somos diferentes y está bien

Mi experiencia en las redes sociales, manifestando mis opiniones y puntos de vista al respecto de temas varios me ha demostrado lo mejor y lo peor de las personas.

Y lo mejor y lo peor de mí misma también.

A lo largo del tiempo he aprendido mucho de estas situaciones, donde tus ideas coinciden o se contraponen a las de los demás. He aprendido a respetar la posición de unos y de otros, especialmente cuando no la comparto. He aprendido a pedirles que se expliquen, no para encontrar un argumento que pueda rebatir sino para comprender el porqué de su postura y expandir los límites de mi mente.

[…]

Se podría considerar como una forma de “interactuar con el enemigo” aunque, tras muchos años de preguntas y respuestas, he dejado de tachar de “enemigo” a cualquier que no comparta mi manera de ver y entender el mundo. No hay negro o blanco, hay matices, incluso cuando nos encontramos en polos opuestos. Los principios éticos básicos que todos compartimos, o que en un inicio se presupone que todos compartimos, me dicen que, al final, todos queremos lo mismo, sólo que los caminos a seguir son… distintos.

Supongo que cambia la forma, no el fondo.

A mi manera de ver –y esto lo aprendí después de mucho tiempo– discutir con alguien… o mejor dicho, debatir con alguien… que expone una forma de pensamiento opuesta a la tuya es mucho más interesante. Aunque, a veces, y permítanme la licencia, hablen de auténticas memeces.

Algunas veces las he oído, pero ni eso les resta interés.

Lo que, supongo, intento decir es que es mucho más interesante encontrarse con una mentalidad dispar que corroborar la propia. Y, por eso, en este momento, me gustaría manifestar el profundo respeto que siento por aquellos que me llevaron la contraria, me rebatieron, me “dieron (mucha, mucha) guerra” y me hicieron pensar más allá, dar una vuelta más al asunto en cuestión.

Soy una cabezota, una tozuda y una mente dura de roer.

Aún así, y aunque algunos consideran incompatible mi “corta edad” –la juventud– con la sabiduría de la experiencia, he descubierto que el mundo sería demasiado aburrido, y demasiado peligroso, si todos pensáramos de la misma forma.

Por lo tanto, es un placer lidiar con la diversidad.

Porque somos diferentes, y está bien.

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