New Old Drugs or Love and Sex

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"Según la Organización Mundial de la Salud una droga es 
toda sustancia que introducida en el organismo, por una 
vía de administración, puede alterar de algún modo el 
sistema nervioso central del individuo que las consume"

Existen una variedad infinita de drogas: depresoras, estimulantes, sedantes-hipnóticas, alucinógenas -dentro de las cuales están las psicodélicas, disociativas y delirantes-, drogas anestésicas, antipsicóticas, antidepresivas, ansiolíticas, euforizantes, antiparkisonianas, nootrópicas, analgésicas y anoréxicas.

Consultar: es.wikipedia.org/wiki/Droga

Sus efectos son variados y las sustancias que corresponden a cada tipo, diferentes. Pero hay una, quizás dos tipos de droga que provocan los efectos de todas ellas, en mayor o menos medida y en unos casos más que en otros, y que son legales, conocidas y practicadas por todos.

Una se llama “amor”, la otra se llama “sexo”.

Ambas alteran el sistema nervioso, provocan adicción y su falta genera el conocido “síndrome de abstinencia”.

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Está demostrado que, tanto el amor como el sexo, tienen efectos muy positivos en la salud, pero como ocurre con todo: si abusas, resulta contraproducente. Y, tanto en uno como en otro, no tomar precauciones puede resultar peligroso.

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Y, al final, ambos -sexo y amor- están ligados el uno al otro. En toda relación interpersonal uno de ellos mama al otro. Bien se empieza por el amor y se acaba en el sexo. O, bien al contrario, se empieza por el sexo y se termina cayendo en el amor. 

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A veces, este ciclo inevitable es razón de continuar una relación o, incluso, de ponerle punto y final. Depende de los objetivos de cada parte. Y hablando de los efectos…

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Sin duda, el sexo tiene efectos muy positivos:

  • Favorece la circulación sanguínea
  • Ejercita los músculos pelvinianos -que evitan futuros problemas de próstata y hasta se especula que evita el cancer de útero-
  • Quema grasas
  • Segrega sustancias positivas para la salud como endorphinas -que ayudan a remediar el insomnio, la migraña, y los dolores de espalda y del cuello causados por el estrés-
  • Ayuda a mantenerse jóven y tener una vida más larga
  • Mejora el estado emocional; potencia el sistema inmunológico
  • Hace que seamos más atractivos -porque libera una cantidad mayor de feromonas-
  • Libera estrógenos que se encargan de lucir una piel más bonita
  • La prolactina segregada aumenta el sentido del olfato
  • Es una buena manera de prevenir la demencia
  • Y, por supuesto, es bueno para el corazón y casi una panacea contra el estrés.

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Y aunque es innegable sus muchos efectos beneficiosos para la salud, también tiene un aspecto negativo. Mucha gente no admite que su manera de hacer el sexo ya no es satisfactoria para su pareja o para si mismo. Sea por inseguridad o egoísmo se aferran a sus costumbres.

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Al final, el sexo aburrido o previsible puede impedir la excitación. Mantener su práctica invierte los efectos generando frustración, estrés, tristeza, mal humor y una necesidad de independencia mayor, provocando un distanciamiento del individuo hacia su pareja y, a veces, ampliándolo a la sociedad general.

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En cuanto al amor…

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Cabe decir que es un estado algo más subjetivo. Quizás porque nadie sabe definirlo concretamente. En especial, porque la definición del amor depende del enfoque que se le dé.

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Desde un punto de vista científico, sus efectos se hacen notar al instante. Entre los cuales podemos destacar que…

  • El corazón late más deprisa -hasta 130 pulsaciones por minuto-. En algún caso aislado, incluso, se han registrado puntuaciones más altas.
  • La presión arterial máxima -conocida como sistólica- sube.
  • Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular.
  • Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea.

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Como he dicho, todos hemos experimentado el amor. Los síntomas del enamoramiento son el resultado de complejas reacciones químicas del organismo que, aunque lo sintamos como algo propio, distinto y único, suele ser una sensación común a todos.

No me entretendré contando las mil sustancias que encadenadamente se segregan al organismo originadas por el enamoramiento. Pero está claro que los amores son como las agujetas: no se pueden ocultar. Y si lo intentas, duele. Citando al comediante de la Grecia Antigua Antífanes (388-311 a.C.):

“Hay dos cosas que el hombre no puede ocultar: que está borracho y que está enamorado”

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Supongo que difícil de ocultarlo porque como decía Ortega y Gasset, el amor es ese estado de “imbecilidad transitoria”,  que bioquímicamente no se puede mantener por mucho tiempo. Y a un tonto no se tarda demasiado en identificarlo. Ahora bien, dura poco. Poco relativamente.

Lo que ocurre con el amor es que cambia de forma. 

Cuando somos jóvenes, cuando aún hay misterio, el amor tiene forma de pasión. Más cerca de la definición pura del sexo, donde todas las sensaciones y emociones se intensifican.

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Más adelante, entra en escena la confianza y la complicidad. Que con el tiempo, bien maduradas, se traducen en respeto. La pasión no está presente a todas horas del día, aunque sí lo hace intermitentemente.

O eso sospecho yo.

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Al final, tras años, décadas y casi medios siglos, el amor es más “una necesidad del otro”. Te acostumbras a tener a tu lado a la otra persona y sientes que su vida es una pieza importante del puzzle de la tuya.

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Yo creo que eso es lo que ocurre cuando la pareja llega a la vejez. No queda demasiado misterio, ni tampoco hay excesiva pasión, de hecho, creo que se extingue. Pero sí confío en que ambos se proliferan una confianza afianzada, una complicidad extrema y un oficioso respeto que conviven con la costumbre asentada. El amor aún vive, pero tiene otras formas.

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El sexo, tan ligado al amor como el amor al sexo, cambia de forma con él. Y lo que al principio es más brusco, más animal, más instintivo, va suavizándose con el tiempo y con la consolidación de la relación.

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Supongo que, en parte, también influye el estado físico. A medida que envejecemos, perdemos fuerza, perdemos resistencia, perdemos incluso intensidad. Y aunque fuerza, resistencia e intensidad crecen en un plano interior de voluntad y actitud, externamente menguan.

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Aunque excepciones hay en todas partes y me resulta imposible generalizar, hay un factor común a todos los casos: el sexo y el amor están presentes durante toda la vida. Individualmente o en pareja. Durante toda la vida. Y nadie, en el fondo, escapa a ellos, ya sea, de acción o de pensamiento.

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En mayor o menor medida, hay un factor común: todos somos adictos al sexo, todos somos adictos al amor.

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