The Pleasure of an Ending

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“Toda historia tiene un final pero, en la vida, cada final es un nuevo comienzo”. True Story.

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Estoy a 24horas de mi graduación. Realmente es un acto simbólico, pero “the fact is that… ” dentro de pocos meses se acabó la universidad. Se acabó la vie en rose, se acabó la cafetería, se acabó elegir si aprovechas el día o lo dejas pasar, se acabó poder planificar, se acabó saber a donde irás cada día, se acabó tomar apuntes, fotocopiar apuntes, prestar apuntes, inventarte apuntes, adiós a la cómoda sensación de que tienes tiempo, queda tiempo… Se acabó la Universidad.

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Los mejores años de nuestra vida.

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Nos lanzan al mundo real. Nos lanzan a perdernos entre un maremagnum de gente. Donde las elecciones son difíciles y nada seguras. Donde vas a recibir más palos que un simple suspenso. Donde no hay recuperaciones.

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No es que el mundo real sea terrible, oscuro y de un miedo que te mueres.

Pero sólo el hecho de que, inconscientemente, me refiera a él como “ahí fuera” me hace pensar que considero que he vivido cinco años en una burbuja -una placentera burbuja- que, en breves, va a explotar.

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Cuando te sientes intocable y ves eso se va a acabar y sabes que vas a recibir golpes, batacazos, que las caídas van a empezar a doler, te asustas.

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Porque cuando una etapa termina, no lo entiendes como un nuevo comienzo, lo entiendes como un final. Y tu mente hace repaso de todo lo que vas a perder, sin tener en cuenta lo que vas a ganar.

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Bien… Se acabó la Universidad.

Dime, vida, ¿qué voy a ganar?

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Igual que cuando salimos del colegio tienes un miedo tremendo a las expectativas. Aquí no hay normas. Nadie te dice cuanto tiempo, cuanto esfuerzo, cuanta energía hay que invertir hasta los primeros resultados. It all depends on you.

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Hay quien esperará de ti un cierto nivel en tus éxitos. Pero, al fin y al cabo, al margen, las expectativas las impones tú. No importa qué esperen. Importa qué esperas tú de ti mismo. ¿Parece que así es más fácil? Yo no estoy segura.

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Esta última reflexión se traduce en una de las preguntas más difíciles que alguien puede hacerse a si mismo, la esencia del human being:

¿Quien soy? ¿Quien quiero llegar a ser?

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A nivel personal, a nivel profesional, a nivel social… esa pregunta tiene trampa. Según el enfoque tiene una respuesta distinta. Y para empezar a dirigir nuestros pasos, necesitamos una dirección única o no sabremos orientarnos.

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Cada final es un nuevo comienzo.

Y he aquí el problema.

Terminar es fácil. Se acabó, no hay más trayecto. C’est fini, mon cheri. Elegiste, andaste. Y andaste todo lo que el camino dio de sí. Y ahora vuelves a tener un abanico de opciones. Volvemos a la misma encrucijada: elegir. ¡¡Ese es el problema!!

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Voy a terminar la Universidad ¿y qué se supone que hago ahora?

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Cual es el comienzo acertado, cuál es la ruta a seguir hasta encontrar un nuevo final. Intentamos que nuestro próximo final quede lejos para poder aplazar ese momento en el que nos vuelva a tocar “tomar una decisión”.

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A veces, nos agobiamos tanto con ese momento que podemos dejar pasar la transición FINAL-COMIENZO. Cuando es uno de los mejores momentos de la vida. Es un placer saborear las últimas migajas de aquello que termina.

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Así, voy a dejar de pensar: por donde he de tirar a partir de ahora. Y, simplemente, voy a dejarme llevar…

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Se acaba la Universidad -o cualquier otra cosa- ¡¡vale!! está bien. Procuraré conservar el buen sabor de boca. Desde hoy y hasta el día en que ya sea evidente intentaré abrazar más a menudo a mis amigos y compañeros, o los despediré con un fuerte beso, haré cumplidos más a menudo, les pediré apuntes para conservar el recuerdo de su caligrafía, o iniciaré debates para recordar como rugen como leones.  Escucharé las clases magistrales como grandes discursos de la vida -a veces lo son- y preguntaré, preguntaré un montón. Es la última oportunidad…

Y es que lo bueno de un final es eso ¿no?

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Que, al fin y al cabo, prestas más atención, miras con más amor y intentas retener cada pedacito de aquello que perderás. Lo bueno de cada final es no aceptar dejarte un poco en el plato. Quieres relamer a lengüetazos todo lo que queda.

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Totalmente.

Pero antes de que el final sea principio. Déjame disfrutarlo en sí mismo.

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