PAPÁ ES EL REY SALOMÓN

Me he pasado mucho tiempo pensando… Pensando qué es mi vida, qué hago, qué no hago, qué se supone qué debería estar haciendo, qué se espera de mí…
En la universidad, conozco a personas con millones de responsabilidades, con una vida más difícil que la mía. Mil veces más difícil. Yo tengo una vida muy aventajada. Y doy gracias por lo que tengo. Porque no tenga que preocuparme de cómo pagar la universidad, ni siquiera mis caprichos. Porque no tengo que preocuparme de lo que hay ahí fuera, por el momento. Porque ningún ser querido está realmente enfermo. Ya no.

Doy gracias porque apenas me deba preocupar el futuro, porque cuento con algún AS en la manga. Pero ¿no es un pecado tener tanta ventaja y no aprovecharla? ¿en qué tipo de persona me convierte eso? Eso sí me preocupa …y mucho. Quién soy, qué hago y como me defino.

Porque ¿qué hago? No hago nada. Vivo como la reina de Saba.
* Si alguien no conoce este relato. Dice el Antiguo Testamento que la reina de la tierra de Saba acudió a Israel deseando conocer al Rey Salomón, del que había oído que era un gran sabio. Quedó tan impresionada por su sabiduría y sus riquezas que se convirtió en cristiana. El rey Salomón, agradeciendo sus alabanzas, la recompensó con la promesa de otorgarle todo lo que deseara.
Yo siento que tengo lo que quiero. No podría quejarme de todo lo que recibo. Pero ¿qué hay de lo que doy? Lamento no estar haciendo todo lo que puedo. Pero el problema es que no sé qué más debería hacer. No es pereza, no es falta de motivación o indiferencia. Es que no sé qué paso dar, ni hacia donde.
Mi padre nunca fue de esas personas que te dicen: “eres joven, tienes tiempo”.
Por el contrario, y afortunadamente, su consejo ha sido:
“Estás haciendo lo que tienes que hacer. Quieres abarcar más pero no puedes. Así que haz limpieza. Evalúa a qué asuntos les dedicas un tiempo innecesario. Organízate. Y entonces, cuando ya tengas capacidad para hacerte cargo, embárcate en nuevos proyectos. Es como la ropa que tienes, tienes tanta que no sabes qué te falta. Analiza tu armario, escoge qué no usas y deshazte de ella. Entonces podrás comprarte más ropa… y la que realmente necesitas”.
¡¡Mi padre es mi Rey Salomón!!
Me asusta el futuro y cómo me preparo para recibirlo. Pero creo que tengo a alguien que, aunque no me dice claramente cual es el camino correcto, me observa, me orienta y a veces, quizás, me evita más caídas de las que me convendrían.
Hablo de mi padre. Pero seguro que, para más de uno, también hablo del suyo. Por esos “papá” “papi” “padre” “jefe” “viejo” y demás alias de esas personas que cuidan de sus desorientados hijos y que son lo suficientemente sabios para no decirnos qué hacer y dejar que lo averigüemos poco a poco.
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